En un mundo que nos exige vivir a un ritmo de montaje frenético, donde la identidad parece una sucesión de cortes rápidos y estridencias, existe un acto de rebeldía silenciosa: la contemplación. Si el caos es un desfile de ruidos, la sanación es un plano secuencia largo, pausado y bañado por una luz suave que no busca deslumbrar, sino acompañar.
Vivimos en una época en la que nunca había sido tan fácil acceder a información sobre alimentación, pero paradójicamente, nunca había existido tanta confusión. Basta con abrir redes sociales para encontrar consejos nutricionales contradictorios, dietas milagro y promesas de cambios rápidos que suenan demasiado buenas para ser verdad. Y, la mayoría de las veces, lo son.