El cuerpo humano no fue diseñado para la quietud. Durante miles de años, moverse fue una condición indispensable para sobrevivir: caminar, cargar, correr, agacharse y adaptarse al entorno eran acciones cotidianas. Hoy, en contraste, el sedentarismo se ha normalizado y se ha convertido en uno de los principales factores de deterioro de la salud moderna, actuando de forma silenciosa pero profunda sobre el organismo.