A puertas de un nuevo Halloween, donde el rito de la noche de brujas se ha consolidado como un fenómeno de consumo global, las plataformas de streaming se convierten en el epicentro de la temporada. Sin embargo, al analizar el catálogo chileno de Netflix, la promesa de una inmersión en el "terror antiguo" se desvanece, dejando en evidencia una brecha generacional y una miopía curatoría que ignora los cimientos del género.