La cultura no es un museo de mármol frío ni una repisa cubierta de polvo; es una hoguera que se mantiene viva de mano en mano, un tejido de aliento y memoria que nos rescata del vacío. Es la respuesta más hermosa que el ser humano ha inventado frente a la fugacidad de la existencia. Transmitir cultura es un acto de rebeldía biológica: es la forma en que los seres vivos, sintientes y resilientes, desafiamos al tiempo y transformamos la experiencia individual en una herencia universal, capaz de viajar por el espacio y el tiempo para encender mentes en cualquier sitio del mapa.