En el universo de los sentidos, el olfato es, para mí, el más directo y el menos censurado por la razón. La vista puede engañar, el oído puede ser selectivo, pero un olor, especialmente el que se asocia con una persona amada, tiene el poder de transportarnos de inmediato a un tiempo y un lugar específicos. El acto de oler el perfume del otro en una relación no es solo una experiencia sensorial; es una inmersión profunda en la memoria y la conexión.