Gran parte del sufrimiento psicológico humano no reside en la realidad objetiva de este instante, sino que se gesta y se perpetúa fuera del tiempo presente. La mente, en su incansable actividad, se divide principalmente entre dos esferas temporales, creando una trampa de dolor que la conciencia plena (mindfulness) busca desmantelar. El acto de anclarse en el presente, por lo tanto, no es un ejercicio de evasión, sino una estrategia radical de salud mental que nos devuelve el control sobre nuestra experiencia interna.