Hay películas que nacen perfectas y que, por el bien de la salud mental de sus fanáticos, deberían permanecer intocables. La primera entrega de El diablo viste a la moda no solo fue un éxito de taquilla; se convirtió en un manual de estilo cinematográfico, un nido de frases icónicas y un retrato ácido y brillante del poder corporativo y editorial. Por eso, el anuncio de El diablo viste a la moda 2 generó una mezcla de emoción desbordante y un terror justificado.