Es fácil analizar Toy Story desde el impacto tecnológico que significó ser el primer largometraje animado completamente por computadora, o desde la milimétrica brillantez de su guión sobre los celos y la identidad. Sin embargo, el verdadero milagro de la película de John Lasseter es su capacidad para evocar una nostalgia táctil y corpórea. No nos conmueve solo porque nos recuerde lo que era jugar; nos sacude porque nos hace recordar, a través de los cinco sentidos, a qué olía, qué gusto tenía y cómo se sentía la infancia.
La aerolínea, que inició volando dentro de Chile, ha operado más de 672 mil vuelos en su historia, con operaciones en siete países y 45 destinos de América.
La cultura no es un museo de mármol frío ni una repisa cubierta de polvo; es una hoguera que se mantiene viva de mano en mano, un tejido de aliento y memoria que nos rescata del vacío. Es la respuesta más hermosa que el ser humano ha inventado frente a la fugacidad de la existencia. Transmitir cultura es un acto de rebeldía biológica: es la forma en que los seres vivos, sintientes y resilientes, desafiamos al tiempo y transformamos la experiencia individual en una herencia universal, capaz de viajar por el espacio y el tiempo para encender mentes en cualquier sitio del mapa.
Asomarse a la existencia con la mirada expandida es comprender que el universo no comete errores de cálculo. No hay caos en las estrellas ni azar en el latido del pecho; lo que hay es un trazado invisible, una arquitectura perfecta que sostiene el Todo. Hablar de la geometría sagrada de una conciencia unificada es adentrarse en el misterio donde la ciencia, la espiritualidad, la verdad y la vida se funden en un solo trazo de luz. Es entender que somos, al mismo tiempo, el compás que dibuja y la línea dibujada.