El cine de terror contemporáneo parece obsesionado con intelectualizar el miedo. Buscamos traumas generacionales, metáforas sobre el duelo o alegorías políticas detrás de cada sombra en la pantalla. Por eso, encontrarse con una propuesta como Dolly, dirigida por Rod Blackhurst (Here Alone), se siente como un cubetazo de agua fría... o mejor dicho, de leche rancia. Blackhurst prescinde de los discursos elegantes y nos arroja de cabeza a un pozo de inmundicia física y psicológica que apela directamente al estómago.
El choque que presenciamos hoy en el tejido social no es tecnológico ni puramente científico; es un quiebre de paradigmas de proporciones casi místicas. Por un lado, nos encontramos con un horizonte iluminado por evidencias desclasificadas, registros oficiales y la certeza matemática y física de que la vida pulsa en otros rincones de la vasta existencia astronómica. Por el otro, topamos con el muro de piedra del negacionismo: un reducto de mentes que eligen cerrar las ventanas ante la luz del cosmos, prefiriendo la comodidad de un mundo pequeño, predecible y antropocéntrico.
A partir de hoy ya está disponible Fallout 76: Plagas, la actualización gratuita número 68 del juego. Esta nueva actualización transforma 40 ubicaciones de Appalachia en campos de batalla dinámicos donde los jugadores deberán enfrentarse a distintas facciones, incluidos jefes de élite, para hacerse con recompensas legendarias exclusivas de cuatro estrellas.
El proyecto musical chileno n015 debuta oficialmente con un sencillo que combina synth pop, synthwave y nostalgia digital. “REVÓLVER” inaugura un universo inspirado en el retro futurismo de finales de los 90 y principios de los 2000, acompañado de un visualizer creado íntegramente por el propio artista.
Hay algo intrínsecamente terrorífico en las carreteras solitarias. Kilómetros de asfalto rodeados de nada, donde la civilización se reduce al habitáculo de tu vehículo y la radio es tu única compañía. El director noruego André Øvredal (The Autopsy of Jane Doe, Trollhunter) lo sabe perfectamente, y en El pasajero del diablo, transforma la idílica fantasía de la van life —la aventura juvenil de recorrer el mundo en furgoneta— en un infierno claustrofóbico sobre ruedas.