Por Pedro Matamala, Socio en Provoste Matamala Abogados.
La causal de despido por necesidades de la empresa fue concebida como un mecanismo excepcional, destinado a enfrentar crisis o reestructuraciones inevitables. Sin embargo, las cifras de 2025 muestran que esa excepcionalidad parece estar diluyéndose.
Según datos de la Dirección del Trabajo, los despidos bajo el artículo 161 inciso 1 del Código del Trabajo alcanzaron en 2025 casi 498 mil casos, un aumento de 6,9% respecto del año anterior y el mayor nivel desde la pandemia. Solo en diciembre se registraron 45.304 desvinculaciones, con un alza interanual de 7,2%, acumulando diez meses consecutivos de incrementos año contra año.

Aunque esta causal representa el 18,1% del total de despidos, su tendencia sostenida al alza resulta preocupante. Más aún en un contexto donde el desempleo promedió 8,5% en 2025, reflejando un mercado laboral debilitado y una recuperación económica que no logra traducirse en suficiente creación de empleo formal.
Los factores macroeconómicos son determinantes: bajo dinamismo, inversión contenida y sectores clave —como la construcción— aún rezagados. Pero también es necesario considerar el impacto acumulativo de mayores costos laborales y nuevas exigencias regulatorias. Reformas recientes han elevado estándares y derechos, lo que constituye un avance, pero también ha incrementado las cargas administrativas y operativas para las empresas.
En este escenario, muchas organizaciones han optado por reestructurar funciones, automatizar procesos o externalizar servicios. La causal de necesidades de la empresa se convierte entonces en la herramienta jurídica para formalizar esos ajustes. El riesgo es que pase de ser un recurso excepcional a transformarse en un mecanismo recurrente de adaptación.
El desafío hacia adelante es recuperar crecimiento, productividad y certeza jurídica. Sólo en un entorno económico más dinámico la “necesidad de la empresa” volverá a ocupar el lugar que le corresponde: el de una medida extraordinaria, y no la regla.