Por Nicole Revillot, Country Manager de TUU by Haulmer.
Durante años, acceder a servicios financieros fue una ventaja reservada para las grandes empresas. Aceptar pagos con tarjeta, acceder a financiamiento o administrar un negocio con herramientas digitales suponía costos y barreras difíciles de enfrentar.
Esa realidad está cambiando. La tecnología ha permitido que soluciones que antes parecían exclusivas hoy estén al alcance de una feria libre, un almacén de barrio o un trabajador independiente. Más que una transformación en la forma de pagar, estamos frente a una oportunidad para reducir brechas y generar condiciones más equitativas para competir.

Nicole Revillot, Country Manager de TUU by Haulmer.
La digitalización de los pagos no solo facilita las transacciones. También permite ordenar la información financiera de un negocio, generar historial comercial y abrir la puerta a nuevas alternativas de financiamiento. En otras palabras, entrega herramientas que ayudan a crecer y a formalizar actividades que durante mucho tiempo quedaron al margen del sistema.
Chile ha avanzado de manera importante en inclusión financiera. Hoy, más del 90% de la población adulta cuenta con al menos un producto financiero y nueve de cada diez usuarios de internet realizan sus pagos principalmente de forma electrónica. Estas cifras muestran que el acceso ya no es el principal desafío; ahora la tarea es que esa infraestructura se traduzca en más oportunidades.
La democratización financiera no consiste únicamente en reemplazar el efectivo por medios digitales. Significa que el tamaño de un negocio deje de determinar las oportunidades a las que puede acceder. Cuando la tecnología logra poner a una empresa en mejores condiciones para competir, invertir y proyectarse, deja de ser solo innovación y se convierte en un motor de desarrollo económico y social.