Por Christian Rodiek González, CEO de FirmaVirtual.
Muchas veces los conflictos internacionales nos parecen lejanos o ajenos. ¿Podría una guerra en Irán afectar a Chile? La respuesta es sí. Vivimos en un mundo profundamente interconectado y Chile posee una de las economías más abiertas del planeta. Nuestro país depende en gran medida del comercio exterior, de los tratados de libre comercio y de cadenas logísticas globales que atraviesan océanos.
Hoy el foco está puesto en el Estrecho de Ormuz, un paso marítimo estratégico que conecta el Golfo Pérsico con el Golfo de Omán y por donde transita cerca del 20% del petróleo y del gas natural que consume el mundo. Si ese flujo se interrumpe o se restringe, el mercado reacciona de inmediato. Y lo hace donde más duele: en el precio.
En cuestión de horas, tanto el petróleo Brent como el gas pueden subir de precio. Y eso se transmite rápidamente a la vida cotidiana: puede aumentar el valor de la bencina que cargamos cada semana y del gas con el que cocinamos. Lo mismo ocurre con el combustible que utilizan aviones, camiones y barcos para transportar alimentos, insumos médicos y otros productos de primera necesidad.
Cuando sube el precio del petróleo, también aumenta el costo del transporte; y cuando eso ocurre, sube prácticamente todo, lo que inevitablemente termina impactando en la inflación. Chile viene de un período económico complejo, algo que acaba de ratificar el Índice Mensual de Actividad Económica (Imacec) de enero, que cayó 0,1% en comparación con el mismo mes del 2025.
Y para nuestro país existe, además, un efecto adicional: la UF. Si el IPC aumenta, la UF también lo hace. De esta manera, los créditos hipotecarios, los arriendos y otras obligaciones financieras indexadas a esta unidad reajustable se encarecen automáticamente.
Así es que sí, un conflicto lejano como el de Irán puede terminar afectando el presupuesto familiar o el flujo de caja de una empresa. Por eso, como ciudadanos y emprendedores, debemos prestar atención al entorno global: un tablero en el que, de una u otra forma, todos estamos jugando.
En este contexto, las empresas que sobreviven y crecen son aquellas que logran anticipar escenarios y gestionar riesgos. Esto no se trata de ser alarmistas, sino de pensar estratégicamente, evaluando los posibles efectos de los conflictos geopolíticos, las tensiones comerciales y las decisiones políticas.
A los chilenos nos conviene mirar más allá de nuestras fronteras y comprender que, aunque no lo parezca, lo que ocurre en un estrecho al otro lado del mundo puede ser determinante. En otras palabras, sí importa que Irán bloquee el paso de los buques.
Mientras más tiempo se prolongue un conflicto como el que vemos en el suroeste de Asia, mayores alzas de precios podríamos enfrentar. Sin embargo, no podemos mirar este escenario con distancia. Como consumidores, fuerza laboral y líderes de startups, debemos estar preparados y asumir que, aunque estemos al final del continente americano, una guerra es más que una mala noticia, es una señal de alerta que nos recuerda la importancia de aprender a movernos en entornos volátiles.