Pia Arismendi

Existe un viejo dicho en el cine de terror que dice que no hay nada más peligroso que un hombre desesperado con acceso a lo sobrenatural. El director Curry Barker lo sabe, y con su aclamado debut cinematográfico Obsesión, ha tomado el gastadísimo clásico literario de "La pata de mono" (el clásico “cuidado con lo que deseas”) para transformarlo en una de las pesadillas psicológicas más incómodas, retorcidas y fascinantes de los últimos años.


La premisa se siente engañosamente simple. Baron, apodado cariñosamente "Bear" (Michael Johnston), es el típico "chico bueno" atrapado en la zona de amigos, secretamente enamorado de su compañera de trabajo, Nikki (Inde Navarrette). Tras romper un amuleto esotérico de bajo costo llamado "El Sauce del Deseo" (One Wish Willow), Bear pide un deseo que en papel suena a comedia romántica de los dos mil: que Nikki lo ame más que a nadie en el maldito mundo.



El amuleto cumple. Vaya que si cumple.


El amor como una forma de posesión


Lo verdaderamente brillante de Obsesión no radica en sus monstruos o en violencia gráfica gratuita —aunque hacia el tercer acto el gore y el caos estallan sin frenos—, sino en cómo subvierte el concepto del romance. Barker destruye la fantasía del cortejo forzado mostrando que el afecto absoluto, cuando carece de autonomía y consentimiento, no es amor; es posesión demoníaca.


La transformación de Nikki es un logro actoral absoluto por parte de Inde Navarrette. Pasa de ser una joven carismática y llena de vida a un ser antropomórfico cuya devoción se vuelve asfixiante, mecánica y profundamente perturbadora. Barker y su director de fotografía, Taylor Clemons, utilizan encuadres incómodos y composiciones centradas donde Nikki suele quedar atrapada entre sombras o siluetas, borrando su identidad. No es una villana de manual; es una víctima atrapada dentro de su propia Obsesión provocada.


El verdadero horror de la película no nace del amuleto de siete dólares, sino del egoísmo masculino de Bear, quien prefiere ver sufrir la psique de la mujer que "ama" antes que admitir que ella nunca lo eligió libremente.


El "buen tipo" como el verdadero monstruo


El núcleo podrido de la película y lo que te deja pensando mucho después de que corren los créditos es la pasividad de Bear. Incluso cuando Nikki empieza a perder la cabeza, a vigilarlo mientras duerme o a sellar la puerta principal con cinta industrial para que no la deje, él se aferra a la mentira. Hay una escena desgarradora donde la "verdadera" Nikki emerge por un segundo implorando una salida, y Bear, incapaz de soltar su fantasía egoísta, le pregunta: “¿Qué tan malo es estar conmigo?”.


Ahí es donde Obsesión se corona como un clásico moderno del cine de terror psicológico. Desnuda la cultura del Nice Guy y la necesidad de control en las relaciones modernas. Nos recuerda que forzar el destino siempre tiene un costo biológico y espiritual altísimo.


Curry Barker ha entregado una propuesta feroz, incómoda y con un humor negrísimo que funciona como un espejo incómodo para nuestra sociedad. Si vas a verla, ve con la guardia alta: saldrás del cine agradeciendo cada uno de los deseos que la vida nunca te cumplió.


Mi nota: 4/5 estrellas.

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