Columnas de opinión

Nicolás Méndez, CEO y cofundador de eGenya.


Durante años, contratar un servicio externo de aseo, seguridad o mantención fue un acto de confianza. Se pagaba por una promesa y se asumía que el trabajo se había hecho. Ese modelo quedó atrás. Desde enero de 2026, el nuevo procedimiento de fiscalización de la Dirección del Trabajo puso a la subcontratación bajo mayor escrutinio, y hoy a las empresas de aseo, seguridad y mantención se les pide respaldar con pruebas lo que antes se daba por hecho.


En estos servicios trabajan cientos de personas al mismo tiempo, repartidas en decenas de instalaciones, y de cada una hay que poder decir qué se hizo, quién lo hizo y a qué hora. En papel, eso dependía de la memoria y de la palabra de un supervisor. Hoy la tecnología permite responderlo con datos en tiempo real.


Cuando aparece un reclamo, esa evidencia cambia la conversación. Una discusión de percepciones se transforma en un intercambio respaldado por registros, y la trazabilidad pasa a ser un argumento comercial, porque la empresa que puede mostrar su gestión compite mejor. En un sector que en Chile mueve cerca de 1.740 millones de dólares al año, la externalización vuelve a ser lo que siempre debió ser, un servicio medible y comprobable.


Al final, la fiscalización solo empujó algo que ya venía pasando. La industria de los servicios externalizados está aprendiendo a valorarse por lo que puede demostrar.


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