Por Claudia Valdés Muñoz, gerente general de BBSC.
Mientras la mayoría se desconecta en febrero para tomarse unas merecidas vacaciones, los asesores contables y tributarios ya se preparan para la próxima Operación Renta. Y es que los contribuyentes enfrentan un nuevo escenario, marcado por transformaciones relevantes que, sin duda, sus contadores y equipos financieros se encuentran analizando desde ahora.
Las recientes modificaciones en materia de anti elusión y evasión no solo actualizan el marco legal, sino que redefinen la relación entre contribuyentes, asesores y la autoridad fiscal. El cumplimiento tributario dejó de ser un ejercicio meramente declarativo para convertirse en un espacio donde la sustancia económica, la coherencia documental y la trazabilidad financiera son protagonistas.
Esperar a marzo o abril para revisar estructuras tributarias hoy puede ser demasiado tarde. Las reformas apuntan a cerrar brechas que históricamente permitieron prácticas elusivas difíciles de sancionar. En este contexto, la Norma General Antielusión se fortaleció, otorgando al Servicio de Impuestos Internos una capacidad interpretativa más clara para identificar estructuras que, aunque revestidas de formalidad, carecen de un propósito económico real.
Hoy, la distinción entre abuso y simulación es más precisa, lo que reduce la ambigüedad que durante años dificultó la aplicación efectiva de estas figuras. A ello se suma un mensaje contundente: los asesores y contribuyentes que diseñen o promuevan esquemas elusivos enfrentarán consecuencias mucho más severas.
Asimismo, la lucha contra la evasión se moderniza gracias a la inversión fiscal en herramientas tecnológicas que permiten un cruce de datos más sofisticado, apoyado en modelos predictivos y análisis masivo de información. Junto con ello, las facultades de fiscalización se amplían, especialmente en operaciones transfronterizas, reorganizaciones empresariales y transacciones entre partes relacionadas.
Con sanciones más duras, la señal es inequívoca: la transparencia y la veracidad de la información declarada serán claves en la próxima Operación Renta. La revisión de operaciones complejas será más exhaustiva; la coherencia entre lo declarado y la realidad financiera será observada con mayor detalle; y los modelos de riesgo permitirán focalizar esfuerzos en contribuyentes y sectores donde las probabilidades de incumplimiento son más altas.
Bajo esta mirada más integral del comportamiento tributario, la elección de asesores y la preparación del proceso de renta no pueden dejarse para último momento. Limitarse a cumplir con las formalidades ya no será suficiente: las empresas deberán mostrar coherencia, justificar sus decisiones y anticiparse a eventuales requerimientos de la autoridad.
En este sentido, la documentación de respaldo, especialmente en transacciones intragrupo, reorganizaciones y determinación de bases imponibles, adquiere un carácter estratégico. Esperar a marzo o abril para revisar estas materias hoy puede resultar tardío, considerando el mayor nivel de escrutinio que enfrentará la información declarada.
Si bien las modificaciones al Código Tributario pueden parecer desafiantes, es importante entender que no solo buscan sancionar malas prácticas, sino promover un ecosistema empresarial más transparente, competitivo y sostenible. En este contexto, la preparación anticipada de la Operación Renta debe ser vista no solo como una obligación, sino como una oportunidad para fortalecer la confianza, el orden y la claridad en la gestión tributaria.