Por Cristóbal Leschot, ingeniero experto en telemetría de Dripsa y Tagle & Cía.
Cada abril se conmemora la Semana Mundial de la Tierra, una fecha que debiera ir más allá de la reflexión simbólica para transformarse en una oportunidad concreta de revisar cómo estamos gestionando nuestros recursos. En el caso de la agricultura, el foco inevitable está en el agua.
A pesar de los avances y de la creciente evidencia sobre la crisis hídrica, aún persiste una lógica instalada: mientras exista disponibilidad de agua, la urgencia por optimizar su uso no siempre es prioritaria. Esta mirada, más cultural que técnica, sigue postergando decisiones que serán cada vez más necesarias.
Chile enfrenta desde hace más de una década un escenario de escasez hídrica prolongada. Según datos de la Dirección General de Aguas, cerca del 70% del territorio nacional presenta algún grado de afectación por sequía o disminución en la disponibilidad de agua. Este contexto no solo tensiona a la agricultura, sino que redefine la forma en que el sector debe proyectarse.

Cristóbal Leschot, ingeniero experto en telemetría de Dripsa y Tagle & Cía.
Frente a este escenario, el desafío no es menor: producir más y mejor, utilizando menos recursos. Y es aquí donde la eficiencia deja de ser un concepto aspiracional para transformarse en una necesidad operativa.
Hoy existen herramientas concretas para avanzar en esa dirección. La tecnificación del riego, el uso de sistemas automatizados y la incorporación de monitoreo permiten optimizar el uso del agua y reducir pérdidas asociadas a errores humanos o a una gestión ineficiente, tanto del agua como del gasto energético. Del mismo modo, prácticas como el riego estratégico en etapas clave del cultivo —incluido el periodo postcosecha— son fundamentales para asegurar la sostenibilidad productiva.
Sin embargo, el principal desafío sigue siendo la adopción. No basta con que la tecnología esté disponible; es necesario integrarla con una mirada de largo plazo, que considere tanto la rentabilidad como la resiliencia de los sistemas agrícolas.
En este contexto, avanzar hacia una gestión más eficiente del recurso hídrico no solo responde a una necesidad ambiental, sino también a una decisión estratégica para el sector. La evidencia ya está sobre la mesa, y las soluciones también.
El paso siguiente es acelerar su implementación, entendiendo que el futuro de la agricultura estará cada vez más vinculado a la capacidad de adaptarse a un escenario donde el agua será, sin duda, uno de los factores más determinantes.