El cine de terror contemporáneo parece obsesionado con intelectualizar el miedo. Buscamos traumas generacionales, metáforas sobre el duelo o alegorías políticas detrás de cada sombra en la pantalla. Por eso, encontrarse con una propuesta como Dolly, dirigida por Rod Blackhurst (Here Alone), se siente como un cubetazo de agua fría... o mejor dicho, de leche rancia. Blackhurst prescinde de los discursos elegantes y nos arroja de cabeza a un pozo de inmundicia física y psicológica que apela directamente al estómago.
Hay algo intrínsecamente terrorífico en las carreteras solitarias. Kilómetros de asfalto rodeados de nada, donde la civilización se reduce al habitáculo de tu vehículo y la radio es tu única compañía. El director noruego André Øvredal (The Autopsy of Jane Doe, Trollhunter) lo sabe perfectamente, y en El pasajero del diablo, transforma la idílica fantasía de la van life —la aventura juvenil de recorrer el mundo en furgoneta— en un infierno claustrofóbico sobre ruedas.
Existe un viejo dicho en el cine de terror que dice que no hay nada más peligroso que un hombre desesperado con acceso a lo sobrenatural. El director Curry Barker lo sabe, y con su aclamado debut cinematográfico Obsesión, ha tomado el gastadísimo clásico literario de "La pata de mono" (el clásico “cuidado con lo que deseas”) para transformarlo en una de las pesadillas psicológicas más incómodas, retorcidas y fascinantes de los últimos años.
El cine iraní contemporáneo se ha caracterizado históricamente por su capacidad única de transformar los dilemas domésticos en radiografías afiladas de su sociedad. Con "Ella y su hijo", el aclamado cineasta Saeed Roustaee vuelve a demostrar por qué es una de las voces más vigorosas e imprescindibles del panorama actual. Dejando temporalmente de lado el ritmo frenético de los suburbios y el narcotráfico que vimos en Just 6.5 o los laberintos financieros de Leila's Brothers, Roustaee se sumerge aquí en un drama íntimo, doloroso y profundamente sensitivo.
Hay bandas que llenan estadios, y luego está Iron Maiden, una institución cultural que ha movilizado a generaciones enteras bajo un credo de guitarras gemelas, galopes de bajo indomables y una iconografía que es pura mitología contemporánea. Intentar capturar la esencia de este gigante en el cine siempre es un desafío monumental; el peligro de caer en el documental biográfico plano y cronológico siempre está latente. Por eso, Iron Maiden: Burning Ambition se siente como un triunfo absoluto: porque no es solo una mirada al pasado, sino una inyección de adrenalina directa al corazón del fanatismo.
Ir a un concierto masivo hoy en día se ha vuelto casi un acto de fe: batallas contra plataformas de venta de entradas, precios que equivalen a un arriendo y, a menudo, terminas viendo al artista a través de la pantalla del teléfono de la persona de adelante. En este panorama, el salto de BILLIE EILISH - HIT ME HARD AND SOFT: THE TOUR a la pantalla grande en un formato 3D co-dirigido junto al mismísimo James Cameron no es solo un registro para fanáticos; es una declaración de principios sobre cómo el cine puede salvar la distancia entre el ídolo y su audiencia.
Prepárate para fatalities, sangre, nostalgia gamer y uno de los estrenos más esperados por los fanáticos de la acción. Mortal Kombat II aterriza este 7 de mayo en cines e IMAX® del país con una nueva entrega mucho más intensa, caótica y espectacular que promete llevar la franquicia al siguiente nivel.