Hay una escena que se repite en organizaciones de todos los tamaños. Un líder observa a uno de sus colaboradores y siente que algo ha cambiado. No ha ocurrido una crisis evidente ni una discusión importante. La persona sigue llegando a tiempo, cumple sus responsabilidades y entrega sus resultados. Desde afuera parecería que todo funciona con normalidad, pero quienes lideran personas saben reconocer cuando alguien ya no está realmente presente.