Hay películas que no se ven; se experimentan a través de los sentidos. Cuando Oliver Stone estrenó The Doors en 1991, no buscaba hacer un documental biográfico tradicional ni una cronología pulcra de la banda; buscaba atrapar la esencia dionisíaca, caótica y poética de los años sesenta y, sobre todo, de su chamán indiscutido, Jim Morrison. Hoy, con el lanzamiento de The Doors: The Final Cut, esa experiencia psicodélica regresa restaurada y pulida, demostrando que el mito, lejos de envejecer, ha ganado una nueva e hipnótica capa de profundidad.
Hay películas que se ven con los ojos, y hay otras que se experimentan con todos los sentidos. El cine de Hayao Miyazaki pertenece, sin duda, a este segundo grupo, pero es en Ponyo y el secreto de la sirenita donde esa capacidad de evocación alcanza un punto de pura efervescencia. Volver a sumergirse en esta obra de Studio Ghibli no es solo revisar un clásico de la animación; es recordar cómo se sentía el mundo cuando todavía creíamos en la magia oculta detrás de las olas.
A primera vista, la premisa de Umamusume: Pretty Derby podría parecer, para el espectador casual, una curiosidad más del vasto universo del anime: chicas con orejas y colas de caballo que compiten en carreras de velocidad y luego ofrecen conciertos idols. Sin embargo, reducirla a eso sería cometer un error de novato. Detrás de la estética colorida y la música pop, se esconde una de las historias deportivas más emocionantes, respetuosas y épicas que el cine de animación nos ha entregado recientemente.
'Tanta miel' en apariencia, es una canción sobre el final de una relación larga que se volvió tóxica. Esa sensación de querer irte, pero algo te endulza lo suficiente para quedarte un día más. Dependencia emocional. El amor como un lugar que enferma. Pero 'Tanta miel' es también otra cosa: un llamado a desprenderse de todo lo que aprisiona. Una relación, sí; pero también la comodidad que ata a un sistema que discrimina, criminaliza y violenta.