Ir a un concierto masivo hoy en día se ha vuelto casi un acto de fe: batallas contra plataformas de venta de entradas, precios que equivalen a un arriendo y, a menudo, terminas viendo al artista a través de la pantalla del teléfono de la persona de adelante. En este panorama, el salto de BILLIE EILISH - HIT ME HARD AND SOFT: THE TOUR a la pantalla grande en un formato 3D co-dirigido junto al mismísimo James Cameron no es solo un registro para fanáticos; es una declaración de principios sobre cómo el cine puede salvar la distancia entre el ídolo y su audiencia.
En una entrevista exclusiva con el programa Pelota Parada de TNT Sports, el volante de Universidad Católica, Fernando Zuqui, compartió detalles profundos sobre lo que fue su proceso de recuperación tras una grave lesión y los desafíos que enfrenta el club en la Copa Libertadores y el torneo local.
El cine de terror actual suele pecar de impaciente. En una era dominada por el susto fácil, los ruidos estridentes y los monstruos digitales que lo explican todo, encontrarse con una película que confía en el silencio, la atmósfera y el peso psicológico de sus personajes es casi un milagro. Por eso, lo nuevo de Damian McCarthy, Hokum: La Maldición de la Bruja, se siente como un soplo de aire helado y sumamente necesario.
Ir a ver una película de Guy Ritchie es firmar un contrato implícito: sabes que habrá ritmo frenético, diálogos afilados, personajes al límite y una edición que no te deja pestañear. Sin embargo, en los últimos años, el director británico ha decidido explorar terrenos más maduros y oscuros, cambiando los gánsteres de trajes impecables por contratistas militares, rescates imposibles y dilemas morales bajo el fuego. En la zona gris es la consagración de esta etapa, un thriller que demuestra que Ritchie no ha perdido el pulso, sino que lo ha vuelto más letal.
Hay artistas que no pertenecen a una época, sino que la definen. Por eso, enfrentarse a una producción cinematográfica sobre la vida de Michael Jackson no es solo ir a ver una película; es abrir una cápsula del tiempo directa a nuestra propia memoria emocional. Michael llega a las salas no solo para repasar los hitos de una leyenda, sino para tocarnos esa fibra íntima donde la música se transforma en nostalgia pura.
Desde el primer minuto, la película es un desfile incesante de fan service. La adición de figuras icónicas como Johnny Cage (que inyecta una dosis de carisma y comedia meta que la primera parte pedía a gritos) y el imponente Shao Kahn demuestra que el director no quería hacer cine de autor; quería abrir una caja de juguetes y estrellarlos entre sí.