La frase "Tus palabras llegan justo a donde hacen falta" no es un cumplido casual; es la más alta forma de reconocimiento a la maestría comunicativa. No habla de la belleza superficial del discurso, ni de la retórica florida; habla de la balística emocional, esa rara habilidad de dirigir el verbo con tal precisión que impacta exactamente en el punto ciego, en la herida que necesita ungüento, o en el resorte que requiere ser activado.